Hagamos una pequeño “test político”. Con diez “políticas públicas” o acciones de Gobierno, de las cuales siempre se habla en todos los países. Son ideas políticas, marcadas del 1 al 10. Para cada una de estas 10 ideas o medidas, ¿estás “de acuerdo” o no?

Lo puedes hacer tú mismo, o con gente conocida. Comencemos por el punto 1:

Punto 1.- La “Reforma Agraria”, o sea la lucha contra el latifundio: la gran propiedad rural.

Punto 2.- El “Impuesto Progresivo”, o sea que quien gana más, paga un porcentaje mayor de impuesto.

Punto 3.- El “impuesto a la herencia”, para tener más igualdad de oportunidades.

Punto 4.- La nacionalización de grandes empresas extranjeras, y la confiscación de propiedades privadas, por motivos de bien común.

Punto 5.- El Banco Central, para emitir la moneda nacional de curso legal, y de bancos del Estado, para orientar el crédito al servicio del público.

Punto 6.- Ferrocarriles, líneas aéreas y transportes del Estado, para ir hasta los lugares más alejados.

Punto 7.- Fábricas, fincas agropecuarias y empresas comerciales del Estado, para vender productos más baratos.

Punto 8.- Leyes del Trabajo, urbano y rural, fijando sueldos mínimos, y dignas condiciones laborales.

Punto 9.- Retenciones por el Estado de una porción de las ganancias de las empresas privadas en minería, petróleo y gas, y de las grandes haciendas agropecuarias.

Punto 10.- Educación pública y universal, gratuita y obligatoria para todos los niños y jóvenes.

Ahora tienes que sumar “1” en los puntos sobre los cuales hay acuerdo. ¿Resultado? Sumando los puntos. Si sacas 10 o 9, eres un comunista total. Entre 8 y 6, muy comunista. Entre 5 y 3, bastante comunista; y si menos de 3, felicitaciones: ¡eres muy poco comunista!

¿Por qué “comunista”?

Porque estos son los 10 puntos del “Programa Mínimo” para todos los Partidos Comunistas, tal y como figuran en el famoso (aunque poco leído) “Manifiesto Comunista”, redactado de puño y letra por Carlos Marx y Federico Engels en 1848, hace más de un siglo y medio. “Comunista” es todo militante y todo partido socialista que suscribe estos 10 puntos “como mínimo”, según la definición del “Manifiesto”, la fuente mejor autorizada.

Si no me crees, busca el Manifiesto, el que comienza con la célebre frase: “Un fantasma se cierne sobre Europa: el fantasma del comunismo.” En las Bibliotecas públicas nunca hay literatura liberal; pero libros socialistas y comunistas, comenzando por el Manifiesto del 48, ¡no faltan nunca!

Y está en Internet, y en español: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

¿Ya lo tienes? Busca el capítulo II: “Proletarios y Comunistas”; allí están todos los puntos, uno por uno, con los mismos números que en el Test, del 1 al 10, aunque con otras palabras, las del siglo XIX, según las realidades del siglo XIX. El Test mide el grado de acuerdo con el comunismo.

Comunismo frente a “centro-izquierda”

¿Y qué pasa con el socialismo “moderado”? ¿Es el mismo Programa? El único, no hay otro. La diferencia radica sólo en los medios: el uso de la mentira o el empleo violencia además de la mentira. Ha sido un largo camino desde 1848 a la fecha, que los socialistas comienzan siempre como “moderados”, por ej. los social-demócratas alemanes en tiempos de Metternich, a fines del siglo XIX, pero tarde o temprano sacan la pistola, sobre todo desde 1917, con la Revolución Rusa.

(A veces los comunistas han logrado sus objetivos por medios algo diferentes a los descritos en 1848. P. ej. el Punto 9 dice así: “Unión de explotación agraria e industria, para superar poco a poco la diferencia entre ciudad y campo.” Con sus impuestos y confiscaciones, y sus controles de precios para la comida, han vuelto no rentable a la actividad agropecuaria que casi no se sostiene económicamente, por ello existen las migraciones masivas del campo a la ciudad; y de esta forma oblicua y perversa el socialismo ha dado cumplimiento al Punto 9.)

En 1848 ya había socialistas moderados, a quienes este Programa de 10 puntos les parecía excesivo y extremo. Por eso Marx y Engels lo dejaron hasta allí no más, sin incluir otras más “avanzadas” propuestas comunistas, que faltan en esta lista, como p. ej. socialización de la medicina. Como muchas otras, esta fue agregada (y concretada) posteriormente.

Ahora bien, hoy en día, este Programa de 1848, ¿suena radical o excesivo? Pues no. ¡Más bien parece “moderado”! ¿Por qué? Porque sus propuestas han sido aplicadas hace años, ¡y están vigentes!

Casi todos somos socialistas

¿Por qué los mismos 10 Puntos que en 1848 lucían como comunismo revolucionario y radical, hoy parecen de socialdemocracia “light”? Simple: porque todas estas políticas, una a una, se han introducido y aplicado desde hace mucho tiempo en todos los países del mundo. Están en vigencia desde hace años. Por eso nos parece cosa normal y corriente, ¡nada del otro mundo!

Excepto a los liberales clásicos, hoy a nadie escandalizan la Reforma agraria, el impuesto progresivo, el impuesto a la herencia, las “nacionalizaciones”, el Banco Central, empresas del Estado, enormes mordiscos a las ganancias de las empresas privadas, y educación socializada. Medicina socializada tampoco. Porque son lo habitual; nos hemos acostumbrado, y por eso casi todos somos socialistas ahora.

El socialismo se nos encajó de a poco, mediante “gradualismo”. Y nadie avisó que estábamos en la ruta del socialismo, que lleva al comunismo. Hubo carteles señalizadores, en libros y artículos de conservadores y liberales clásicos como Mises, Hayek, Jouvenel etc.; pero nadie los vio, o los quiso ver.

Gradualismo

En su libro “Libertad para elegir”, de 1980, Rose y Milton Friedman examinan el Programa del Partido Socialista de EEUU de 1928. Al lado de cada una de sus 14 propuestas, los esposos Friedmans anotan en cuál año ese punto fue aprobado por el Presidente de turno, a veces con acuerdo del Congreso, y a veces sin su conocimiento, comenzando por el año 1913, cuando se fundó el Banco Central.

¡Pero el Partido Socialista nunca fue Gobierno en EEUU, ni tuvo mayoría en el Congreso! Sin embargo, tuvo enorme y decisiva influencia ideológica en el Partido Demócrata, y aún en el Republicano. Y si esto pasó en EEUU, ¿qué nos queda para nosotros?

La técnica es muy simple: se introduce primero una medida socialista, lo cual crea desorden, desajuste, y conflicto. Entonces se le echa la culpa al “capitalismo salvaje, explotador e inhumano”. Y se dice “Hay que hacer algo; ¡el Gobierno no puede quedarse cruzado de brazos”. Y como remedio al problema se propone: ¡otra medida socialista! Y se produce más desorden, desajuste y conflicto. Y hacen lo mismo: aplican otro “remedio” socialista.

Tres “olas” de intervenciones comunistas

Tres grandes generaciones u oleadas de intervenciones del Estado se han sucedido, aproximadamente, coincidiendo más o menos con los tres tercios del siglo XX (a veces se han superpuesto):

1) En la primera ola se abandona el patrón oro y se funda el Banco Central, con moneda de papel y banca de reserva fraccionaria; lo cual genera el ciclo económico característico de auge ficticio con inflación, y consecuente caída de la economía en bruscas crisis recesivas. Así la gente comienza a empobrecerse, como es lógico; y los socialistas dictan sus leyes laborales y primeras “medidas sociales”. Con lo cual la situación empeora, con un agravante: el Estado descuida sus funciones propias, con lo cual empiezan a faltar la seguridad, la justicia y las obras de infraestructura.

2) Pretendiendo auxiliar a los pobres, en la segunda ola el Estado ofrece “educación y salud gratis”, para lo cual decreta alzas en los impuestos, que aumentan el deterioro de la situación. Con un agravante: mucho desmejora la enseñanza, pero la “educación” no es tal sino adoctrinamiento en el estatismo, y así la gente más “educada” por el estatismo es la que menos posibilidades tiene de entender las reales circunstancias.

3) En la tercera ola el intervencionismo entra de lleno y a mansalva en todos los frentes de la economía productiva, con sus reformas agrarias, sus “nacionalizaciones”, la fundación de toda clase de empresas estatales, con sus costosos impuestos y/o sus no menos onerosos préstamos para financiarlas, y con el asfixiante reglamentarismo para las empresas no estatales. En esta tercera ola se llega a incalificables extremos, muy visibles para todos, y alguna gente comienza a reaccionar y a advertir sobre lo que pasa. ¡Pero confunde el comunismo con lo que apenas es su clímax!

Resultados: nefastas consecuencias

Por eso tenemos lo que tenemos, los pésimas resultados del socialismo, en todas partes: criminalidad desbordada, corrupción judicial y falta de obras públicas, además de impuestos excesivos y reglamentos absurdos, carencia de ahorros, desinversión privada con inactividad económica generalizada y desempleo involuntario, ciudades capitales sobrepobladas, éxodos de empresas, de cerebros, de mano de obra, y un largo etcétera. Resultado: crisis políticas crónicas.

Sólo que los liberales ya no estamos ahí para decir: “Señoras y señores, todo eso es resultado del socialismo!” Ya Friedrich Hayek lo señaló en su libro “Camino de servidumbre”, escrito en 1942. Las “recetas” del socialismo se nos han ido metiendo poco a poco, una por una. En la plaza pública las discusiones son entre socialistas de distintos matices y colores, y así todas las propuestas.

Tres generaciones de reformas liberales

A las tres olas de intervenciones comunistas corresponderían aproximadamente las tres generaciones de reformas a favor del capitalismo pero en orden inverso. Es decir: la reacción comienza por revertir sólo las intervenciones de la tercera y última ola, como ocurrió en los ’90, con reformas liberales de primera generación: ciertas privatizaciones y desregulaciones. Pero por lo general no pasó de allí, y aun así las medidas fueron fragmentarias, parciales, tímidas y vacilantes. Rara vez se avanzó hasta revertir p. ej. el socialismo en la educación, típico de la segunda ola. ¡Y ni hablar del socialismo monetario, financiero y bancario, propio de la primera ola! Esa debieron ser respectivamente reformas liberales de segunda y tercera generación, pero jamás se acometieron en serio.

Esa insuficiencia y esa cortedad de miras es lo que provoca un inmediato contraataque socialista masivo, y muy exitoso, ante cada pequeño intento de a lo menos comenzar cambiar el rumbo de un país.

Eso sí: Hayek indicaba que cuando un país llegaba a cierto punto muy adelantado en este camino de servidumbre, los desajustes y perturbaciones eran tales que se terminaba imponiendo una feroz tiranía comunista, de carácter político-militar, la cual hacía imposible la salida en el corto plazo. Es como en Cuba y Venezuela: se requiere cierto tiempo para formar una corriente de opinión adversa, y un partido político que haga el camino de reversa, y por el canal democrático, pues ya no hay disponible el canal autoritario, dado que los dictadores militares anticomunistas se extinguieron como especie en el pasado siglo XX.

¿Desde cuándo vivimos bajo el socialismo en este país?

Me refiero a TU país. Ya conoces los 10 puntos del Test. Los del Manifiesto Comunista. ¿Vamos a un pequeño ejercicio ahora? ¿El mismo de los Friedmans? Busca una historia de tu país, la más completa que puedas encontrar. Puedes hacer como los Friedmans, y cotejar con el programa del Partido Socialista (o Comunista) de tu país, desde 1919, cuando en Moscú se fundó la Tercera Internacional Comunista en marzo, y en junio la Sociedad de Naciones en París, poco después, no casualmente.

Busca en qué años los socialistas impusieron cada uno de sus 10 puntos del Programa de 1848: reforma agraria, impuesto progresivo, impuesto a la herencia, “nacionalizaciones”, moneda papel de “curso forzoso” con abandono del patrón oro. Busca en qué año fundaron cada empresa estatal, cuándo comenzaron con sus confiscaciones a las ganancias de las empresas privadas, cuándo decretaron educación socializada, medicina socializada, fondos jubilatorios estatales, etc. En cada punto anota quién era Presidente en el año de cada medida, y cuál partido tenía mayoría, o al menos mucha influencia en la opinión pública.

¿Terminaste? Bueno, ya sabes por qué desde hace tanto tiempo en tu país hay desborde del crimen y jueces corruptos, por qué falta infraestructura pese a que los impuestos son tantos y tan elevados, por qué hay tanto reglamento absurdo, por qué no hay ahorros, por qué hay desinversión privada e inactividad económica y desempleo, sobre todo en el campo. Por qué las ciudades capitales se hallan sobrepobladas, y hay fugas de empresas, de cerebros, de mano de obra. Y crisis políticas crónicas.

Marxismo económico y marxismo cultural

Si lees completo el Manifiesto Comunista, vas a ver que sus autores están contra el matrimonio y la familia, porque ellos observan que son instituciones muy ligadas a la propiedad privada y al capitalismo. ¡Y en eso tienen toda la razón!

Sin embargo en los 10 puntos no hay nada contra el matrimonio y la familia; ni contra las iglesias o la religión. Porque era un programa “mínimo”, centrado en la economía, excepto el último punto (el 10) sobre educación. Es decir: primero había que aplicar las medidas económicas, para debilitar patrimonialmente a la gente, y educativas, para desarmarle mentalmente; y a futuro dejaron Marx y Engels la embestida contra el matrimonio y la familia, así como contra la religión y en especial el cristianismo, en 1848.

¡Pero el futuro llegó! El marxismo económico ya no puede ir más lejos, porque el parásito mataría al huésped por asfixia o anemia. Por eso ahora toca el turno a las demandas del marxismo cultural: la ofensiva por el aborto y la eutanasia legales; y la desnaturalización del matrimonio y hasta de la misma sexualidad, a través de la promoción activa del divorcio y del homosexualismo por el Estado. Y de la “Guerra a la Droga” pasan a la estatización de la oferta de narcóticos y estupefacientes. Y el Estado entiende ahora el laicismo como anti-religión, declarando la Guerra a la Religión, dictando sus propias y nuevas normas a todas las iglesias y ministros religiosos, y a todas las familias y escuelas cristianas.

Todo eso es el “marxismo cultural”, desarrollado ya no por Lenin y Stalin, sino por Gramsci y la Escuela de Frankfurt, y comenzado a aplicar por Mao Ze Dong y Pol Pot, en China y Camboya. Y por Herbert Marcuse en Berkeley, California. Y la Escuela de Birmingham en Inglaterra.

¿Cómo salir del comunismo?

Muy simple: revirtiendo las 10 medidas del Manifiesto del 48. Propongo otro ejercicio: un Programa Anti-Comunista de 10 puntos. Revirtiendo uno a uno cada punto del Programa Comunista. Cada punto del año ‘48 sería lo opuesto. Quedaría más o menos así, comenzando por el primero:

Punto 1.- Respeto a la propiedad privada del suelo y del subsuelo.

Punto 2.- Impuesto nacional único, plano o uniforme, de no más del 5 % sobre el ingreso de toda persona física, para seguridad, justicia e infraestructura. (Y bonos para los más pobres en la transición: ver las Cinco Reformas).

Punto 3.- No más funciones para el Estado. No más impuesto a la herencia, aranceles u otros impuestos nacionales. A niveles regional y municipal, cada entidad puede decretar todos los impuestos que aprueben sus residentes, para los fines que aprueben sus residentes. (Federalismo Fiscal).

Punto 4.- Respeto a la iniciativa y a la actividad privada, en mercados libres de violencia y fraude.

Punto 5.- Banca privada y en competencia abierta, con Patrón Oro y reserva total.

Punto 6.- No a las empresas estatales; Gobierno limitado a la provisión de seguridad, justicia y obras públicas, entre ellas vías de comunicación, con empresas privadas de transporte.

Punto 7.- No a los monopolios: ni estatales ni privados; entendiendo que “monopolio” es cualquier subsidio u otro privilegio concedido por el Estado a una empresa, no importa su propiedad ni su tamaño ni si hay o no otras en su nicho de mercado. Tampoco hay privilegios para partidos políticos, sindicatos, iglesias, centros educativos, deportivos, artístico-culturales, filantrópicos u otras instituciones voluntarias.

Punto 8.- Plena autonomía de la voluntad, y libre contratación entre las partes, para todos los negocios y actividades privadas.

Punto 9.- Respeto a la empresa privada en minería, petróleo y gas, y en actividades agropecuarias, y respeto a la ganancia como única y suficiente incentivación para los agentes productivos.

Punto 10.- Educación libre; es decir: privada y en competencia, sin planes de estudio ni programas oficiales impuestos por el Estado.

El otro extremo

¿Te suena radical o excesivo este Programa? ¿”Extremista”? Es porque estás condicionado a aceptar el socialismo como normal, y el capitalismo como algo anómalo, absurdo, injusto, “inhumano” o irrealizable.

Seguramente te han dicho que “Todos los extremos son malos”; y que “los extremos se tocan. Dos tremendas mentiras. En la vida muchas cosas son extremas: en un extremo está la verdad; en otro la mentira. En un extremo la justicia; en otro la injusticia. En un extremo el orden; en el otro la revolución. En un extremo la paz, en otro la guerra. En uno la riqueza; en otro la pobreza. El bien y el mal. Tú escoges.

No todos los extremos son malos, ni se tocan. No son simétricos: son asimétricos, porque hay asimetría entre la respuesta y la pregunta, y entre el remedio y la enfermedad.

(Si este Programa el contrario, te suena “moderado”, es porque eres “ancap”. Pero de todos modos es otro Test. El primero era como un “Comunistómetro”, para medir la conformidad o no con el comunismo; el segundo como un “capitalistómetro”, para medir la conformidad o no con el capitalismo.)

Metástasis: las tres usurpaciones

Una asimetría es que el enfoque gradualista ya es inaplicable porque el cáncer ha hecho metástasis. Significa que si removemos apenas una partecita, continúa el desorden y los desajustes, las injusticias, la pobreza, etc., y los socialistas tienen pretexto para retomar el poder, como ha ocurrido.

Veamos cómo ha sido la metástasis. En tres etapas: el estatismo ha ido usurpando actividades, luego poderes, luego recursos.

1) Actividades, es decir: funciones. El Estado ha tomado funciones y desempeña actividades en finanzas y en economía, en educación, atención médica, cultura y arte, deporte y un largo etcétera. Así de este modo nos acostumbra a esperarlo todo del Estado: empleo, vivienda, salud, educación, todo.

2) Poderes, es decir: libertades. Con el pretexto de cumplir toda esa gama de funciones, ha ido acumulando cada vez más poderes, suprimiendo a la gente otras tantas libertades.

3) Recursos, es decir: dinero. Con el mismo pretexto de cumplir todas esas actividades, nos ha ido quitando cada vez más recursos económicos y financieros. Sacando dinero de nuestros bolsillos a través de la inflación y los demás impuestos y gravámenes.

Adicción y dependencia

El socialismo tiene mucho parecido con el alcoholismo, porque es una adicción. Las dosis necesarias para provocar el mismo efecto, que es vivir del trabajo de otros, son cada vez mayores.

Así mucha gente se hace socialismo-dependiente: políticos que viven de puestitos en la nómina del Estado o de repartirlos; empresarios que viven de prebendas, privilegios, subsidios y monopolios; sindicalistas que viven de promover huelgas y conflictos, e igual ecologistas profesionales y feministas profesionales; los docentes “funcionales”, que viven de envenenar la mente de los jóvenes; los escritores y “periodistas” que envenenan la mente de sus lectores; esos agitadores y propagandistas profesionales que se hacen llamar “luchadores sociales”, y un largo etcetera.

Pese a la férrea resistencia que oponen todos los adictos y dependientes, la solución de todos los problemas y las calamidades causadas por el socialismo es simple y lógica: es la reversión de este proceso de socialización continua, sistemática, generalizada. En mi libro “El Embrollo” (2002) lo puse en verso: “El camino de salida es el mismo de la ida, pero en la dirección inversa, y se llama de retorno, o de reversa”.

Removiendo el cáncer: las tres devoluciones

La reversión también es simple y lógica: al Manifiesto Comunista de 1848 hay que darle la vuelta como a un guante o una media. La opinión debe decirle “no” al socialismo, no a Marx y Engels; y el Estado devolver a la gente todas y cada una las actividades, poderes, y recursos usurpados a lo largo de tantos años.

1) Actividades, es decir: funciones. Esto significa devolver funciones y actividades a la gente.

2) Poderes, es decir: libertades. Esto significa devolver libertades (derechos) a la gente; el poder de ejercer actividades por su cuenta, y obtener de esa forma los ingresos que requiere para comprar sus bienes y servicios por su cuenta, con su dinero, de su bolsillo.

3) Recursos, es decir: dinero. Esto significa devolver a la gente su dinero, recortando el gasto público y los impuestos, y mediante el uso de un  dinero bueno: moneda dura, con respaldo metálico.

¿Cómo? Derogando las leyes malas, suprimiendo las instituciones malas que tales leyes consagran, y desaprendiendo las ideas malas que inspiran a esas leyes e instituciones. Y encarando las Cinco Reformas.

Igual que en AA (Alcohólicos Anónimos), el Primer Paso es el más importante y el más difícil. Como naciones deberíamos decir lo siguiente: “Admitimos que éramos impotentes ante el socialismo, y que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables”.

 

Cochabamba, 20 de Febrero de 2014