Para hacerse con éxito, y ser duraderas, las reformas económicas requieren ser acompañadas de reformas en política, educación, salud etc. Y para eso se necesitan partidos políticos, en lo posible “completos”: ideológicos, representativos, programáticos y electorales; y muy bien estructurados e implantados, y comprometidos a fondo con la transición. De otro modo, las reformas no se hacen, o son revertidas luego, como en nuestra América.

# Partidos en favor del capitalismo
Para una empresa, hay dos vías que llevan a la cima del éxito: una es la buena relación precio-calidad de lo que ofrece, y leal competencia, en mercados abiertos. La otra es la buena relación de “amistad” con los Gobiernos, para obtener favores “especiales”.
La primera es la vía del capitalismo liberal; la otra es la del capitalismo mercantilista o simplemente “mercantilismo”. El economista Luigi Zingales trata el tema en su libro A Capitalism for the People: Recapturing the Lost Genius of American Prosperity, de 2012. El título se traduce al español como “Capitalismo para el pueblo”. Pero la expresión “Capitalismo popular” ha sido muy desvirtuada por los politiqueros (mercachifles de la política) de la “derecha mala”; por eso es mejor “capitalismo para todos”, opuesto al “mercantilismo” que es “capitalismo para los amigotes”.
Un buen empresario puede llegar a la cima por la vía ética; pero una vez que su empresa se hizo grande, si se hace amigote de los politiqueros estatistas, puede “patear la escalera”, para que nadie más pueda elevarse y desplazarle. Así se convierte en mercantilista, anota Zingales.
A los liberales clásicos, partidarios de la libre competencia y los mercados abiertos, Zingales nos tiene un importante mensaje: el libre mercado es un “bien público”. No es un “bien privado”, como p. ej. una bebida gaseosa. (1) En los bienes privados hay “rivalidad” en el consumo: esa lata de refresco que yo me tomo, no la puede tomar otro. Y es “posible la exclusión”: el vendedor no le vende refrescos a quien no paga por ellos. (2) En los bienes públicos en cambio, p. ej. una patrulla policial que haga la ronda por un vecindario, la seguridad que gana el vecino A, no disminuye la de su vecino B. Y si B no paga, no hay forma de “excluirlo” de la seguridad que brinda la patrulla.
Los bienes públicos no tienen dolientes entre los empresarios; de allí que lo normal es que no se paguen con precios sino con impuestos, no siendo las empresas sino los Gobiernos encargados de proveerlos: seguridad, justicia y obras de infraestructura.
¿Y los mercados? ¿Quién se encarga de mantenerlos abiertos, cuidando que los mercantilistas no saquen ventajas indebidas, contrarias a la competencia ética? Hay dos posturas: (1) los estatistas dicen “el Estado”, con leyes antimonopolios y comisiones pro-competencia; (2) los liberales clásicos decimos que no: para combatir los monopolios y evitar las ventajas monopolísticas, simplemente los Gobiernos deben abstenerse de concederlas a sus amigotes. Y esas leyes son malas, y las comisiones arbitrarias son siempre capturadas por los mercantilistas, en su provecho.
No es “el Estado” quien ha de defender al capitalismo liberal, sino los partidos políticos de derecha liberal. No existen aún en América Latina, pero sí en otras latitudes, como p. ej. el Sudeste asiático. Gracias a Dios, la realidad nos da unos ejemplos muy buenos en “los cuatro tigres”:
(1) En Taiwan (Formosa), China insular capitalista, el viejo y glorioso Kuomintang o KMT (Partido Nacionalista Chino) fundado por el Dr. Sun Yat-sen en la Revolución de 1911, quien fue el líder hasta su fallecimiento en 1926. Le sucedió el general Chiang Kai-shek. El Partido creó bancos y empresas, además de emisoras de radio y TV. Como buen partido pro capitalismo, se financia con sus empresas privadas; y de modo legal y transparente, no por “bajo la mesa” y con sus testaferros, como algunos partidos hacen aquí en la República Popular de Banania. A la muerte de Chiang Kai-shek en 1975, su hijo Chiang Ching-kuo asumió el liderazgo del partido, y de sus empresas, hasta que falleció en 1988. Su sucesor, Lee Teng-hui fue el primer taiwanés nativo que lideró el partido.
(2) En Singapur tenemos al Partido Acción Popular PAP, fundado por Lee Kuan Yew, Premier desde 1959 hasta 1990. Su actual Secretario General y Primer Ministro es su hijo Lee Hsien Loong, que en 2004 sucedió a Goh Chok Tong, segundo Premier de Singapur.
(3) En Corea del Sur tenemos varios partidos pro capitalismo; p. ej. el conservador Saenuri, fundado en 1963 por Park Chung Hee como P. Democrático Republicano PDR, y recreado en 1997, como una alianza con el P. de la Justicia Democrática, de Roh Tae-Woo, y el P. Democrático Liberal, de Kim Young-Sam.
(4) En Hong Kong hay un “Consejo Legislativo”, donde hay varios partidos pro capitalismo: Alianza Democrática (DAB) y el Partido Liberal (LP). Gremios empresariales, sindicatos y otras entidades también están representados en este Parlamento. A esta democracia le llaman “corporativa”, lo cual no se opone a “representativa”; y lo bueno es que lo hacen de manera legal y transparente, no por “debajo de la mesa” al modo lobista.
Los auto-llamados “tanques de pensamiento” liberales sienten un olímpico desprecio por la política y los partidos; ni mencionan esos temas. Ellos libran “la batalla de las ideas”, dicen, no de la política. Por eso hablan sólo de Mises y Hayek, nunca de Chiang Kai-shek o de Park Chung Hee.
Pero a ver, (1) “la batalla de las ideas”, de los argumentos, en el campo académico, fue librada y ganada hace muchas décadas, entre otros por los economistas vieneses de las dos generaciones primeras: Carl Menger, Böhm-Bawerk y Wieser; y luego Mises y Hayek.
¿Cómo es que ahora los “tanques” pelean una batalla ya peleada y ganada hace tanto tiempo, como lo admitieron algunos perdedores, p. ej. el marxista Oskar Lange? Es como si los rusos hoy nos dijeran “estamos peleando la batalla de Kursk”, ganada contra los alemanes, hace harto tiempo, en 1943.
(2) La batalla que se libra hasta hoy día, es “la batalla de la opinión pública”. En esta lucha no se esgrimen argumentos académicos, sino breves consignas, y discursos simples pero de gran alcance e impacto popular. No es una batalla para “tanques de pensamiento” sino para partidos políticos, como estos que nombramos como ejemplo, en los “Cuatro Tigres”.
Por otra parte, ¿cómo suponen los “tanques”, tan sesudos, que las ideas de la Escuela Austríaca se han llevado a la práctica en estos países orientales, si no es con partidos políticos? ¡Por favor!
Claro, quizá los tanques son un poco remilgosos porque a estas democracias de Asia, las izquierdas les reprochan sus rasgos “autoritarios”. ¿Eso es cierto? ¿Hay rasgos “autoritarios”?
Por supuesto que sí. ¿Cómo se supone que hay crecimiento económico y prosperidad, sin evitar que los socialistas (que además de autoritarios son “totalitarios” y violentos), se hagan con el poder y hundan a la gente y a países enteros en la pobreza y la miseria, como en Cuba bajo los Castro, en Chile bajo Allende, y ahora en Venezuela? ¡Por favor!

# Tanques de acción política
Los “tanques de pensamiento” liberales nos muestran casos de países cuyas economías, arruinadas por el socialismo, experimentaron recuperaciones casi “milagrosas” en pocos años, con soluciones de libre mercado. Hasta aquí todo bien, excelente.
Pero jamás nos hablan de los “tanques de acción política”, los partidos que hicieron el arduo, paciente y penoso trabajo de formar y capacitar a los líderes y cuadros medios, luego convencer a la opinión pública para conseguir votos, en agotadoras campañas electorales; y después, ya desde Gobiernos y Parlamentos, sostener con fuerza esas políticas, contra la tenaz oposición de factores contrarios.
Te invito a leer lo siguiente, para hacer justicia.
(1) Detrás del famoso “milagro alemán” de la II Posguerra, estuvo el Partido Demócrata Cristiano, fundado en 1945 por un acuerdo entre los líderes protestantes del norte y católicos del sur. Sin su firme y denodado apoyo, el Canciller Adenauer y su Ministro de Finanzas Ludwig Erhard, aliados a los liberales, no hubieran podido abrir las compuertas de la economía, contra la opinión de los medios, las Universidades y los representantes de potencias aliadas, que pretendían una alianza de la DC con los socialdemócratas, y un “modelo mixto”.
(2) El “milagro italiano” se atribuye al economista liberal Luigi Einaudi, segundo Presidente de la República. Es correcto. Pero Einaudi se apoyó en el Partido Liberal, el de su antecesor en el cargo, Enrico De Nicola. Y en la Democracia Cristiana, que como “Partido Popular” fundó en 1919 el cura Don Luigi Sturzo, y en 1943 refundó Alcide De Gásperi, Presidente provisional en 1946; Italia no se habría podido recuperar sin su triunfo electoral, tras la agitada y terrible campaña de 1948, contra el Pacto socialista-comunista. En esos días los católicos no se iban todos por la izquierda, y los liberales no eran anticlericales o anticristianos.
¿Y cómo después sostuvieron el PDC y el PL sus políticas de libre mercado, contra la implacable propaganda de izquierdas? ¡Ese fue el “milagro”! De Gásperi tiene su causa de beatificación en las oficinas vaticanas.
(3) En Japón, la recuperación económica se debió al Partido Liberal, fundado en 1945 por Shigeru Yoshida, cinco veces Primer Ministro entre 1946 y 1954. En 1953 sufrió una división, liderada por su rival interno, Ichiro Hatoyama, que fundó el Partido Democrático; pero en 1955, para combatir a los crecientes y agresivos partidos socialista y comunista, se unificaron en el Partido Liberal-Demócrata, que fue dominante. El PLD hizo “fusionismo” de libre mercado con conservatismo político, social y moral; pero en los ’70 y ‘80 se hizo muy estatista, y la economía perdió su empuje.
(4) En Inglaterra, tras la I Guerra Mundial, el Partido Liberal, para competir con el Conservador, se copió de los laboristas. Pero si hay originales, ¿quién quiere copias? Los laboristas desplazaron a los liberales, y en 1945 treparon al poder; y en su letal “Pacto Social” con los conservadores, hundieron el país. Pero Margareth Thatcher, admiradora del economista Friedrich Hayek, por fortuna no siguió su fatídico consejo de huir de la política, y en 1959 se hizo congresista.
El resto es una historia de éxito: Thatcher conquistó para el liberalismo a los jefes de su Partido conservador, no fue fácil; y luego a sus bases, más difícil aún. Sin embargo, en 1975 ganó el liderazgo partidista, y la jefatura de la oposición al Gobierno laborista surgido tras la apretada elección de 1974. Como enseña la Biblia en el caso de David, encabezó la oposición, antes de ser Gobierno.
En 1978, el Premier James Callaghan anunció que ese año no habría elecciones generales sino el siguiente; desde su banca, Thatcher les gritó “gallinas” a los laboristas, porque estaba lista para el combate, y comenzó su campaña informalmente, muy bien asesorada en publicidad y mercadeo por la agencia Saatchi & Saatchi. A principios de 1979 el oficialismo perdió una moción de confianza, y se convocó a comicios. Thatcher apeló a “la mayoría silenciosa”; así el Partido Conservador ganó con un cómodo 44 % de los votos, y bancas de sobra para hacer mayoría en los Comunes, y ella se convirtió en la primera Premier en la historia del Reino Unido.
(5) En los años ’40, Ronald Reagan era un actor, de izquierdas, como casi todos sus colegas. Pero en los ’50 comenzó su giro a la derecha, que completó en las elecciones de 1964, cuando Barry Goldwater compitió con los estatistas de su partido por la candidatura republicana, y después con los estatistas demócratas por la Presidencia. Ganó Lyndon Johnson, pero Reagan ganó enseñanzas de ese fracaso, y destacó su discurso “Tiempo de Elegir”, entre socialismo y capitalismo, usando con brillo la táctica de la “polarización”: hay que decidirse, por una cosa o por la otra. “¡Y es tu decisión!”
Una vez alguien se burló de Reagan, calificándole de “un tonto simpático”. Simpático era, pero no tonto: también admirador de Hayek, tampoco siguió su mal consejo. En 1966 ganó la Gobernación de California, y fue reelecto en 1970. Falló después dos veces para tener la nominación presidencial del Partido Republicano, pero la tuvo en 1980. Y ganó, con una campaña de propuestas concretas, aunque explicando sus bases ideológicas netamente liberales clásicas; afortunadamente el “libertarianismo” de Rothbard era todavía muy marginal, y por tanto no podía hacer daño.
Conclusión: los buenos economistas nos enseñan libre mercado, pero no cuentan que cuando lo hubo, fue por la acción decidida e inteligente de líderes y partidos de derecha que lo asumieron como tarea; y que cuando no lo hubo, fue por ausencia, falta de apoyo, ineptitud o cobarde renuncia a esa labor.
En 2001, la editora Free Press publicó un libro: Reagan, In His Own Hand (“Reagan en sus propias palabras”). Es una colección de 270 ensayos de Reagan, escritos de su puño y letra, en su mayoría como libretos para sus programas radiales, auspiciados por la empresa General Electric, por 8 años, entre 1954 y 1962. En sus escritos descubrimos que Reagan fue un intelectual, con sólida formación, si bien autodidacta (Steve Hanke: “Reagan, el intelectual”, ElCato, 21 de febrero de 2001). Y que a diferencia de Hayek, no veía contradicción entre ser un intelectual, con buen manejo de buenas ideas, y a la vez poder comunicarlas a la gente corriente, aspirando al servicio público, para ponerlas en práctica. Los liberales hablamos de política y economía, no de Física Cuántica o Biología Molecular. ¿Qué clase de intelectual debe encerrarse en alguna torre de marfil académica, incapaz de transmitir su mensaje a los electores?
Los “tanques de pensamiento” tienen al liberalismo en el puro pensamiento; hasta ahora lo que prevalece en nuestra América y casi en todo el mundo, son las izquierdas. Pero el marxismo es un disparate, y el socialismo una feroz tiranía. ¿Y por qué la gente cree, y vota por ellos? Porque hasta aquí los liberales no han traducido las “ideas de la libertad” en un plan de Gobierno concreto, para seducir a los partidos existentes, o crear y empujar otros nuevos, a mediano plazo, y comunicarlas con éxito a los votantes, quitando el poder a las izquierdas.
En Europa, Japón y EE.UU. lo hicieron aquellas “derechas buenas”, como les llamamos. Ahora, con ayuda de Dios y apoyo de un creciente número de liberales prácticos de varios de nuestros países, lo intentamos nosotros los del Foro Liberal de América Latina. Puedes consultar nuestra “Web amarilla”, y sumarte al proyecto. Como Reagan lo dijo: “¡Es tu decisión!”

# Partidos de cuatro dimensiones
“La Incubadora” es la metodología de capacitación y entrenamiento en el Centro de Liberalismo Clásico. Empleamos muchos recursos, p. ej. el muy indispensable “Libro Negro de la Nueva Izquierda”, por Nicolás Márquez y Agustín Laje, ¡que deberías comprar! (Está a la venta en Amazon).
Con ese libro enseñamos, desnudando por entero al marxismo cultural, y también actualizamos y completamos el Catálogo de Leyes Malas. Porque con la feroz embestida de la “ideología de género” y demás mentiras de su parafernalia, el “Socialismo del siglo XXI” logra meter suficiente ruido y bulla, disparate y escándalo, como para hacer olvidar las leyes malas. Inspiradas en el marxismo clásico o económico, estas leyes fueron decretadas en el pasado siglo XX, y aún se encuentran vigentes; y por eso seguimos en medio del desorden, la injusticia, la pobreza, y toda clase de corrupciones.
En nuestro Proyecto “La Gran Devolución” combatimos a la izquierda en sus dos facetas, cultural y económica. ¿Cómo? “Incubando” a las fuerzas políticas capaces de separar a nuestros países de las fatídicas Agencias de la ONU, derogar todas las leyes malas, e impulsar las Cinco Reformas. Puedes consultar la Web amarilla del Foro Liberal de América latina.
Hoy en día los partidos políticos han quedado reducidos a una sola dimensión, la electoral. Pero nuestros modelos son los partidos que logran sacar a sus países del infierno socialista, p.ej. los escandinavos. Suecia el más famoso, pero también Dinamarca, Noruega y Finlandia. Son partidos completos, de cuatro dimensiones: ideológicos, representativos, programáticos y electorales.
(1) Ideológicos, porque se inspiran en las doctrinas conservadoras y del liberalismo clásico: Gobiernos limitados, mercados libres y propiedad privada. A veces, algunos se salen de este marco y se inclinan a la derecha mala o estatista, con su “proteccionismo” mercantilista; pero al menos no se dejan infiltrar por las izquierdas, como sucede en nuestra América.
(2) Representativos, y muy ampliamente, porque sus bases sociales comprenden distintos segmentos de “la mayoría silenciosa”, y así practican “fusionismo”: unos enfatizan la vida y la familia, y otros las libertades económicas, porque no son causas antagónicas sino totalmente complementarias.
(3) Programáticos, porque traducen su ideario en un Programa muy concreto de políticas y medidas de Gobierno, separando lo público de lo privado, mediante una serie de privatizaciones y desregulaciones, recortando drásticamente las funciones, los poderes y el gasto del Estado, y por tanto los impuestos, la inflación y el endeudamiento.
Su lema no es la “igualdad de oportunidades”, lo que es una utopía engañosa de la izquierda, sino “más y mejores oportunidades”. Para que los pobres puedan salir de la pobreza, engrosando así a la clase media, y que de la clase media puedan emerger medianas grandes empresas, y sus empresarios, y no sólo “micros y PYMES”. Sus programas han inspirado muchas de nuestras “Cinco Reformas”.
(4) Electorales, porque también se movilizan para postular candidatos y sumar votos, pero eso es cuando llegan las elecciones, y no es todos los días.
Todos los días, y no sólo en las elecciones, estos partidos completos tienen Escuelas de Cuadros, medios de prensa propios, editoriales, librerías y hasta bibliotecas; hacen charlas, diálogos y debates con la gente; marchas callejeras también, cuando la ocasión lo amerita. Y mantienen una red privada permanente de cuotas y ayudas en dinero, para actividades y proyectos específicos.
Los economistas liberales dicen que Suecia y los países escandinavos ya no son socialistas, o ya no totalmente, y es cierto; pero no dicen cómo. Y fue gracias a estos partidos de la derecha, algunos muy antiguos, con referentes en el siglo XIX. Ganaron comicios y fueron gobiernos; pero no siempre.
Sin embargo, aún bajo los gobiernos socialdemócratas, y desde sus posiciones en la oposición, esta buena derecha liberal escandinava puede empujar las reformas para que se hagan, o puede evitar su reversión si ya fueron decretadas. Porque sus partidos son inteligentes y eficaces en el uso de sus recursos políticos, su propaganda es concluyente y persuasiva, y ejercen presión con habilidad.
Las izquierdas llegan tan lejos como se lo permiten las circunstancias, y las derechas. A veces las reformas liberales las hicieron partidos socialdemócratas, y hasta comunistas (en China y Vietnam), pero no porque hayan sido “buenitos”, sino porque se les ha obligado.
(1) En Suecia, como en todo el mundo, funciona la ley del péndulo, y la derecha está en el gobierno a veces (pocas), y en la oposición otras veces (muchas). El socialdemócrata Tage Erlander (1901–1985), principal arquitecto del “Estado de Bienestar” a base de impuestos confiscatorios y despilfarro en “programas sociales” ineficientes, fue Primer Ministro de 1946 a 1969, 23 años.
Pero la derecha pudo poner “contención”, evitando estatizaciones de empresas, e igual bajo Olof Palme, desde 1969 a 1976, cuando la derecha ganó las elecciones con Thorbjorn Falldin, y comenzó con las reformas de mercado. Pero no pudo terminarlas, y la prosperidad no se expandió lo suficiente; por eso en 1982 la izquierda volvió al poder, y con el mismo Olof Palme. Y dese entonces el péndulo ha oscilado permanentemente, pero no como en esta América nuestra: allá cuando la izquierda vuelve, no puede arrasar con todo y deshacer lo andado, poco o mucho, en la buena senda.
(2) En Dinamarca, como en todo el mundo, la política es “agonal”: una eterna “pulseada” entre la izquierda y la derecha, una empujando al socialismo, y otra al capitalismo. Pero el nombre del partido de derecha liberal danés es “Venstre”, que significa “izquierda”, porque así era en el año 1870, cuando se fundó. Desde entonces todo ha cambiado, y con el Partido Conservador, Venstre integra el “bloque azul”, contra el “bloque rojo”, de socialistas y comunistas. (Los que niegan la divisoria entre izquierdas y derechas son ignorantes, que nada saben de política… o son de la izquierda disimulada).
(3) En Noruega, el partido más destacado en la derecha es el Partido Demócrata Cristiano. Su líder Kjell Bondevik, nacido en 1947, fue Premier de 1997 a 2000, y otra vez de 2001 a 2005, decretando las reformas pro libre mercado, con gran apoyo popular. Un detalle: es Pastor luterano, pero eso sólo a la izquierda le molesta. Discípula suya es la actual Premier Erna Solberg, nacida en 1961; aunque ella lidera otro partido, “fusionista” liberal-conservador (aliado al PDC), el Partido Conservador, fundado en el año 1884, que por cierto éste sí se llama “Hoyre”, que significa “derecha”.
(4) En Finlandia el comunismo siempre fue muy fuerte. Tras la Primera Guerra Mundial hubo una República soviética, y una guerra civil, a la cual hasta hoy los comunistas discuten si se debe llamar guerra o sólo “conflicto”, o cómo debe llamarse, igual que en Colombia y en Argentina. Se ve que la izquierda es igual en todas partes, siempre con las mismas malas mañas semánticas.
Pero gracias a Dios, hasta en Finlandia los partidos de la derecha, en coalición, han podido hacer las reformas liberales cuando fueron gobierno, y asimismo defenderlas luego con denuedo, sagacidad y firmeza, cuando les cupo ser oposición.
¿Y en América latina? ¿Aprendemos o no? ¿Seguimos en la ignorancia …?

# “Ser rico es glorioso”
En febrero de 1992, el Comandante Hugo Chávez hizo su golpe de Estado en Venezuela. Falló en el intento, pero inició el perverso proceso político gradual de transición, del socialismo blando que se entronizó en 1958, al socialismo salvaje de ahora, consagrado con su triunfo electoral en 1998, y el cambio de Constitución en 1999.
“Ser rico es malo” sentenció Chávez varias veces, y esa es la consigna de la izquierda dura desde entonces. A la cual adhiere el Papa Bergoglio: en 2015 hizo un viaje a Cuba, y a los cubanos, hundidos en la miseria, les dijo en su cara que debían “amar la pobreza como a una madre”. Se abrazó con Fidel Castro, el tirano opulento, y regresó al lujo de su opulento Palacio vaticano.
“Ser rico es glorioso” fue la consigna que en ese mismo mes de febrero de 1992 lanzó el por entonces ex Primer ministro Deng Xiao Ping, en su histórico “viaje al Sur” chino. Allí en el sur fue que comenzó el proceso de transición inverso: del socialismo al capitalismo; pero un capitalismo para todos, y no sólo para la oligarquía neo-mercantilista, o para los capos de la Nomenklatura comunista.
El pasaje al capitalismo en China es “gradualista”. Pero es un gradualismo territorial, no sectorial. Porque las reformas liberales son complementarias, y por ende inseparables; por eso suelen fracasar si se decretan una a una aisladamente, sector por sector de la economía, y luego educación, atención médica etc., “ésta ahora, y las otras se dejan para el futuro” … Así parece no funcionar. En China en cambio la gradualidad es territorial: ciudad por ciudad, provincia por provincia. Y funciona.
Y más importante: la transición tiene éxito solamente cuando hay partidos para impulsarla, defenderla y sostenerla, sin miedo a las reformas, sin titubeos, vacilaciones o coqueteos con la izquierda. No hay todavía en Venezuela esos partidos, ni en nuestra América: los estamos creando nosotros, como puedes ver en la Web amarilla del Foro Liberal de América Latina.
En Taiwan, Singapur, Corea del Sur y Hong Kong, “los cuatro tigres”, los partidos en favor del capitalismo han proporcionado estabilidad política a las reformas. En los años ’50, los “milagros económicos” de Alemania, Italia y Japón, también fueron producidos por los partidos, los demo-cristianos en Europa, y el Demo-liberal nipón. Entre los escandinavos, fueron generalmente varios partidos derechistas los que se unieron para derrocar el “Welfare State” social-demócrata.
Esos partidos fueron los “tanques de acción política”, que articularon la transición, proceso cuya naturaleza es política, no económica, con perdón de mis amigos los buenos economistas. Sucedió igual en los ‘80 con el Partido Conservador inglés cuando Thatcher, y con el Partido Republicano en EE.UU. cuando Reagan. Si no es con partidos políticos sólidos y bien edificados, comunicados con la gente, y firmes en su conciencia ideológica, es imposible desregular y privatizar para tener la economía libre, y para desestatizar la educación, la medicina, jubilaciones y demás.
¿Y en China? No hay “partidos”, en plural, en el sentido occidental y democrático del concepto. Hay un solo partido: el Comunista. ¿Y entonces? El detonador fue la creciente demanda popular por bienestar y reformas, acuciada por la emigración china en el exterior, en especial en “los cuatro tigres”, viendo sus parientes en China cómo sus primos emigrados se hicieron ricos en mercados abiertos. Y el PCCh vio lo que les sucedió a los “partidos hermanos” en Europa central y del Este, y en Rusia, por oponerse a las demandas de la gente: fueron reducidos a su mínima expresión, o simplemente desaparecieron.
Los comunistas chinos decidieron dar satisfacción a las aspiraciones de la gente, y encabezar las políticas en pro del capitalismo, so pena de ser desplazados del poder. La literatura especializada en los casos de China, y asimismo Vietnam y Laos, habla de un “capitalismo de partido único”. Pero sucede que esos partidos ya no son comunistas, salvo de nombre. No es extraño: ya en vida de Franco, España comenzó su transición con un modelo político autoritario, pero no “totalitario”; y el Opus Dei, que no era un partido, hizo las veces de tal.
Y ya en vida de Mao, en enero del año 1963, tuvo lugar una “Conferencia de Trabajo Científico y Tecnológico” en Shangai, discretamente apoyada por el entonces Premier Chou en Lai, líder más o menos visible del ala occidentalizante del PCCh: se acordaron “las cuatro modernizaciones” en (1) agricultura, (2) industria, (3) defensa nacional, (4) educación, ciencias y adopción de tecnologías.
Se comenzó en ese tiempo a diseñar la transición al capitalismo, liderada desde 1978 por Deng Xiao Ping, discípulo de Chou En Lai. Para no disgustar a los de la “vieja guardia”, la retórica nunca fue ni es de capitalismo, sino de “pragmatismo”, y de “socialismo con rasgos chinos”, lo cual suele confundir a los observadores extranjeros poco avisados. Es disimulo, no es la verdad. Pero con partido único no hay opositores para alegar, ni mostrar contradicciones y sofismas hipócritas.
Las reformas permitieron un incremento notable en la producción de bienes y servicios, pero no tocaron el Banco Central, con su monopolio para emitir discrecionalmente dinero fiduciario puro, sin respaldo metálico legal. Así que la inflación a fines de los ’80 llegó a escandalosas tasas cercanas al 20 % anual. Y así llegaron las protestas masivas en la Plaza de Tiananmen, año 1989, impulsadas por los fuertes vientos de opinión popular “contra la corrupción”. Como en muchos otros países, la histeria anticorrupción fue una bandera unificadora para dos tipos opuestos de gente: una mayoría de viejos nostálgicos del comunismo, en contra las reformas, y una minoría consciente de que la solución no era menos reformas, sino más reformas, y más profundas.
La respuesta de Deng Xiao Ping, “el Pequeño Timonel”, en febrero de 1992 cuando ya no tenía altos cargos formales, pero en la práctica seguía con mucho poder, fue su “viaje al sur”, por Shenzhen, una de las primeras zonas con economía de mercado, y Cantón, y Zhuhai, para hacer discursos en defensa de las reformas. “¡Ser rico es glorioso!”
Discípulo y sucesor de Deng Xiao Ping ha sido Jiang Zemin, Presidente de la República Popular China entre 1993 y 2003. Es el principal ideólogo de la “tres representaciones”, una curiosa teoría que de hecho significa que el Partido Comunista ya no es comunista, aunque no deja de llamarse así, para no ofender a los nostálgicos, ni auto-serrucharse el piso. El Partido ahora dice que representa a (1) “las fuerzas productivas avanzadas”, en la práctica son los empresarios e inversionistas, que antes eran la odiada “burguesía”; (2) “la cultura avanzada”, o sea, los escritores, docentes, científicos, periodistas y profesionales que no son comunistas; y (3) “los intereses de la mayoría de la población”, y ya no “el proletariado”, como era antes. El PCCh ya no es más “la vanguardia proletaria y campesina”.
De la mano del partido único y poco a poco, China adopta el capitalismo, pero sin decirlo: hablan con eufemismos y circunloquios. No está bien, pero no encontraron otra forma mejor. Sin embargo, no hablan con la antigua retórica del marxismo, ya la tiraron a la basura. Palabras más, palabras menos, así es en Vietnam, Laos y Camboya. Es un avance, que no se ve en nuestra América latina, todavía.

# Capitalismo de partido único
En sentido muy amplio, la expresión “economía de mercado” es redundante, porque toda economía lo es, las de mercado libre, y las de mercado limitado o restringido.
Y también la expresión “economía capitalista”, porque toda economía funciona con capital, las que practican el capitalismo para todos, y las que le ponen límites, sea en provecho de las oligarquías mercantilistas, o de las Nomenklaturas socialistas. En este sentido, el de los países comunistas es “capitalismo de Estado”, porque el capital existe, sólo que el Estado es su único propietario, y es controlado por las extensas burocracias dominantes en las oficinas del Gobierno y del Partido.
Sin embargo, en China, Vietnam y Laos, desde los ’80 se hacen “aperturas” desestatizantes. Pero las reformas económicas para democratizar el capital, no se han acompañado de reformas políticas para democratizar el poder. La pregunta es: ¿habría podido hacerse de otro modo?
Muchos analistas tienen una respuesta penosa: el dominio del Partido Comunista ofrece una base política estable, sin la cual las reformas económicas no se habrían concretado, o se habrían revertido al poco tiempo. ¿Y qué hay con los “derechos humanos”? Tal como se ven hoy en Occidente, van contra dos principios claves de la ética confuciana: trabajo duro y valores familiares.
(1) En China, el Partido ha provisto fuertes liderazgos personales y sucesivos, que dieron continuidad al proceso de transición: Deng Xiao Ping desde 1978 a 1989; después Jiang Zemin hasta 2003; luego Hu Jintao hasta 2013; y ahora Xi Jingpin. Todos muy comprometidos con las reformas, y los mismos lineamientos. No fue así p. ej. en Rusia, donde Gorbachov en los ‘80, Yeltsin en los ‘90, y luego Putin, no han tenido exactamente la misma agenda, y las reformas han sido mucho menos que en China.
En Vietnam y en Laos, dos países de la ex Indochina francesa, también el Partido comunista ha dado continuidad a las reformas, pero no con liderazgos personales sino colegiados. Y al igual que en China, no se pronuncia la palabra “capitalismo”, ni se habla de libre mercado. Para disfrazar las cosas, usan expresiones que nos suenan extraños; pero la vieja jerga comunista típica ya es cosa pasada, y no fue sustituida por la neo-jerga “políticamente correcta” del marxismo cultural, como en América latina.
(2) En Vietnam se dice “Doi moi”, que se traduce por “renovación”. En 1976, tras la guerra de Vietnam y la reunificación del país, el Comité Central del Partido Comunista se expandió de 77 a 133 miembros, y el Politburó de 11 a 17, porque la membrecía se duplicó de 760 mil personas en 1966 a 1.5 millón en 1976: el 3.1% de la población. En 1986 subió a los 2 millones; y las reformas se iniciaron ese mismo año 1986, dando paso al eufemismo de la “economía de mercado orientada al socialismo”.
En todos los países los partidos son vehículos de ascenso social, a más de cumplir su papel natural como intermediadores y de ajuste continuo entre la oferta política, por un lado, es decir, las medidas y decisiones relacionadas con las funciones estatales, y por otro lado la demanda política, esto es, las necesidades de la convivencia social: orden, seguridad y justicia, infraestructura física. Esto es algo que los tercos seguidores de la fantasía “anarco-capitalista” rothbardiana se empeñan en ignorar y negar; pero no son vanas teorizaciones en el papel, son hechos duros, y realidades obstinadas.
En Vietnam es igual, sólo que no hay varios partidos, sólo uno. Sin embargo, ese Partido único legalizó primero y después incentivó la creación y desarrollo de empresas privadas, en base a mercados cada vez menos regulados. En los ‘90 muchas empresas estatales fueron privatizadas; y luego no volvieron a re-estatizarse, como fue en América latina al compás del “péndulo” político, que oscila entre los polos Neo-liberal y neo-comunista.
(3) En Laos, tras una terrible guerra civil de 12 años, desde 1963 hasta 1975, los guerrilleros del Pathet Lao entronizaron un comunismo salvaje que tuvo la virtud de “vacunar” a la gente contra el socialismo. En 1989 comenzaron las reformas, dos años atrás de Vietnam, bajo la égida del PPR o Partido Popular Revolucionario, que introdujo lo que llamó “nuevo mecanismo económico”, NME.
Fue una agenda para atraer la inversión extranjera, reducir los servicios y los espacios estatales, privatizando varias empresas del Estado, e ir poco a poco legalizando las iniciativas comerciales de la gente. Y promulgando reglas de juego claras, estables y previsibles para los negocios privados.
Así Laos lleva una década creciendo a 7 % anual, y ha cuadruplicado su ingreso anual per cápita en esos años. El Banco Mundial dice que será la economía de la región que más crecerá próximamente.
La transición ha gozado de relativa normalidad, explicaba el antropólogo e historiador australiano Grant Evans (1948-2014) en A Short History of Laos (“Breve historia de Laos”, 2003), porque “la mentalidad socialista no tuvo una penetración tan honda como en China y Vietnam” (o en América latina, yo agregaría …)
(4) La historia de Camboya es la más atroz del área; lo cual es decir mucho, en una región muy azotada por horrorosas calamidades políticas y militares. La guerra de Vietnam se libró en buena parte en territorio de Camboya. En 1975 comenzó el “genocidio camboyano”, con el Jhmer Rojo y su sádico jefe Pol Pot. Acabó en 1979 gracias a una invasión de Vietnam, pero hizo a Camboya un país satélite, bajo un comunismo algo menos sanguinario.
En los ’80 los choques facciosos llegaron a ser insoportables, y la ONU restauró la monarquía en 1991, pero con un modelo de múltiples partidos, el cual no funcionó, por lo que muchas reformas económicas se quedaron en meras intenciones.
(5) ¿Y qué pasa en Birmania, Malasia, Filipinas e Indonesia? Lo mismo que en América latina: no hay partidos fuertes pro desarrollo; luego, no hay desarrollo.
Lo expuesto, sobre todo a propósito de Camboya, no pretende justificar el “capitalismo de partido único”; sólo describirlo y explicarlo. He escrito artículos, referidos a otros países, sobre el mismo tema: contexto político de las reformas pro mercado, la vía al capitalismo liberal. Resulta que los hechos muestran, que para hacerse con éxito, y ser duraderas, las reformas requieren partidos políticos, en lo posible “completos”, es decir, de cuatro dimensiones: ideológicos, representativos, programáticos y electorales; y además muy bien estructurados e implantados, y comprometidos a fondo con la transición. De otro modo, las reformas no se hacen, o son revertidas luego, como en nuestra América.
Entonces: (1) En países con sistemas multipartidistas, al menos un partido ha liderado la transición, por lo general a la cabeza de una alianza de varios partidos, expresiva de una coalición de opiniones e intereses en favor de las reformas. (2) En países con sistemas de tipo bipartidista, la transición ha sido encabezada por el partido de la derecha; pero sin miedos, confusiones ni contramarchas. (3) En países con monopartidismo, nos guste o no, la transición no es democrática; y la conduce el partido único, por una simple razón: no hay otro u otros. (4) Y en países con partidos débiles o donde todos son socialistas, como en África y América latina, y casi no hay partidos de derecha, hay que crearlos.

Cochabamba, marzo de 2017