Los socialistas siempre ganan. Por dos razones. La primera es que ellos, siendo de izquierdas, han desacreditado obviamente a las derechas. A todas: a la derecha mala (mercantilista o corporativista), y a la buena (liberal clásica o conservadora).

En su “relato”, todo aquello que sea de derecha, o huela, parezca o se asimile a la derecha, siquiera de lejos, es la personificación mismísima del mal, de lo peor y más criminal de este mundo. Es por ej. un defensor del capitalismo, “sistema explotador, excluyente y discriminador etc etc”. Según su “relato” de la izquierda, quienquiera sea de derecha no puede ser otra cosa sino un ser malvado, torpe, vendepatria, canalla y vendido al imperialismo, enemigo de los pobres, nazi, facho, clasista, ignorante, desalmado e insensible, cruel y feo. ¿Y qué es ser de izquierdas? Simple: ¡todo lo contrario!

Pero esa no es la razón más importante. De más peso es la segunda: nosotros, estúpidamente, lo aceptamos. ¿Quiénes somos nosotros? Todos quienes no somos socialistas, y no estamos de acuerdo con sus imposiciones injustas y arbitrarias, sus órdenes ni sus impuestos confiscatorios, basados en las promesas engañosas esas de los cuentos de “almuerzo gratis” (salud, educación etc.) Y quienes tampoco estamos conformes con sus reglamentaciones, su moneda inflacionaria, ni con las pésimas consecuencias de todas estas políticas, cuyos resultados (desempleo, empobrecimiento, crimen) padecemos a diario.

Nosotros, que por lo general somos mayoría, no obstante hemos aceptado entero este “relato”, producido, difundido y usufructuado por unas minorías, como válido, como si fuese cierto y verdadero. Ahí nosotros mismos nos pusimos la soga al cuello. Nos fregamos, pues. Torpe y estúpidamente, nos negamos a defender el capitalismo y por tanto a reconocernos como lo que somos: de derechas. ¿Y qué es “ser de derechas”? Simple y llanamente: gente de trabajo, de orden y de familia, cuyas máximas aspiraciones “políticas” son nada más a vivir decentemente y sin zozobras, de nuestra labor, esfuerzo y producción, a un nivel de vida razonable, progresando, no con regalos del Estado sino con el sudor de nuestra propia frente (no la del de enfrente). ¿Qué tiene de malo? ¡Una existencia burguesa! ¡Sí! ¿Individualista? ¿”Egoísta”? ¿Cuál es el crimen?

Ah! pero muchas veces caemos con los cuentos de “almuerzos gratis”, ¡y queremos recibirlos! En EEUU hay un dicho: “Imposible estafar a un hombre íntegro.” ¿Por qué? Porque la esencia de toda estafa es siempre la falsa promesa de recibir algo gratis o casi gratis, como “la salud y la educación”, y un hombre íntegro en cambio siempre acostumbra a pagar por lo suyo, por lo que adquiere, usa o consume. El dinero que dilapidan es el nuestro, que nos han quitado en impuestos, y por eso no contamos con buenos billetes en el bolsillo para comprar por nuestra cuenta salud, educación y cuanto se nos ocurra. Y ahora, cuando los socialistas ya han aplicado punto por punto el marxismo del Manifiesto Comunista de 1848, desde la reforma agraria, el impuesto progresivo y el banco central, hasta la educación estatizada y la medicina socializada, pasando por las nacionalizaciones y estatizaciones de empresas privadas, y por eso apuntan destruir la familia mediante la desnaturalización del matrimonio, a la falta de integridad moral nosotros unimos con frecuencia la inconsistencia ideológica, y apoyamos el “matrimonio” de los homosexuales, porque nos parece un “pensamiento moderno” y otra “conquista social”.

Por eso ellos, los socialistas, nos ganan, y resultamos conquistados por una minoría. O sea: que somos estúpidos, porque nos estamos dejando fregar, lo consentimos. Nos someten porque han condenado moralmente a la derecha, y habiendo nosotros sido tan bobos como para aceptar esa condenación, nos tienen una regla que siempre nos aplican: “Todo el que no es de izquierda, es de derecha”.

Esa regla tiene dos grandes ventajas para ellos. Primera: es cierta en sus grandes líneas, porque quienes no estamos de acuerdo con el socialismo, es porque preferimos alguna forma de capitalismo; y por ser esa regla cierta, es fácilmente defendible. Segunda: les es muy útil, porque han desacreditado tanto a “la derecha”, que les basta acusar como “derechista” a un candidato, propuesta, partido, medida o proyecto de ley, para descalificarle de inmediato y quitarle del juego de un plumazo. Y nosotros aplaudiendo y apoyando como tontos: más soga para nuestro pescuezo. Esa es la razón por la cual hemos llegado a esta situación: nosotros la mayoría siempre terminamos votando por uno u otro candidato de izquierdas, siendo como son las izquierdas, una minoría, en relación con nosotros. Así es como nos someten, nos esclavizan, y se ríen de nosotros, mientras viven regiamente a costa nuestra.

La pregunta no es si ellos van a dejar algún día de ser mentirosos, ladrones, bandidos y sinvergüenzas. Por supuesto que no; tal es su naturaleza. La pregunta es esta otra: nosotros, ¿vamos a dejar algún día de ser estúpidos? Yo creo que será sólo el día que entendamos bien clarita la enorme y abismal diferencia entre la izquierda, que propone el socialismo, y la derecha, que se le opone; y que además, aceptemos de buena gana y sin reticencias mentales esa diferencia como válida. Y que hagamos nuestra propia regla, paralela a la de ellos, pero inversa: “Todo el que no es de derecha, es de izquierda”.

Así como su regla les sirvió y sirve a ellos, esta otra va a tener dos grandes ventajas para nosotros. Primera: es tan cierta como la de ellos, en sus grandes líneas, siendo que quienes no aspiramos a recibir regalos ni órdenes de los gobiernos, es porque preferimos alguna forma de capitalismo… por tanto esa regla va a ser fácilmente defendible. Segunda: nos será muy útil, porque habremos desacreditado el concepto “izquierda”, identificándole con una situación de mentira y robo de parte de unos pocos, y de memez y falta de sentido parte de una mayoría que les consiente y hasta les sostiene, que nos bastará acusar a un candidato o a una política como “socialista” para descalificarle de inmediato.

Eso sí; hay una condición previa: tenemos que sacarnos de encima a todo este montón de socialistas, anarquistas, relativistas y marxistas culturales (o sus cómplices) que ahora en este siglo se nos aparecen disfrazados de “libertarios” y que nos impotentizan e incapacitan con la mentira de que “el liberalismo no es de izquierda ni de derecha”.

Dejaremos de perder, el día que le perdamos el miedo a quedar como “radicales”, “dogmáticos” e “intolerantes extremistas”, calificativos despectivos que los socialistas han inventado para endilgarnos a nosotros y de esa manera someternos a un chantaje, burdo y primitivo, pero efectivo: “O te sometes a nuestra forma de pensar y hablar, o te sometemos al escarnio público.” Ese será el día que podamos decir “Sí soy de derecha, ¿y qué?” Y declarar con orgullo: “Sí soy pro-capitalista, y pequeño-burgués también, ¿y qué?” O también: “Y sí, soy conservador, ¿y qué?”

Dejaremos de perder, el día que perdamos el miedo a ciertas palabras. Ese día, ganamos. Seguro, ¡anótelo!